Psicomotricidad

Psicomotricidad ¿Qué es la Psicomotricidad?

Tabla de contenidos:

¿Qué es la psicomotricidad?

La psicomotricidad es la disciplina que estudia a las personas a través de su comportamiento motor. El movimiento corporal es fruto de la intención, siendo una forma de expresión de la conducta. La psicomotricidad concibe al individuo como una totalidad que engloba la dimensión psíquica (psicológica, cognitiva) y la motriz (motora, física).

Las capacidades psicomotrices nos sirven como medio de relación tanto con los demás como con nosotros mismos y con nuestro entorno físico. Es el compendio de intereses cognitivos, motivacionales y afectivos; por lo tanto tienen un sentido y una finalidad.

Hay también una importante vertiente comunicativa en la psicomotricidad, exteriorizando a través de las emociones nuestros estados corporales internos. Por ejemplo, cuando un bebé siente necesidades de alimentación, limpieza ó protección, experimenta un estado de tensión que activa sus mecanismos de hipertonía de llamada, bloqueándose su respiración y apareciendo el llanto violento. El lenguaje corporal es una expresión de necesidades y emociones plasmadas a través de nuestros órganos internos y los músculos.

Habilidades psicomotrices más importantes:

La coordinación motriz

La coordinación motriz es la facultad de poner en marcha varios músculos o grupos de ellos para realizar una acción determinada. Diferenciamos entre motricidad fina, cuando hablamos de habilidades mano-ojo y destrezas que requieren de pequeños movimientos coordinados, ó entre motricidad gruesa, cuando realizamos acciones como andar, correr, saltar, nadar, etc, en las que se implican grandes grupos musculares.

La disociación motriz

La disociación motriz es la capacidad de movilizar de modo independiente las distintas partes del cuerpo que entran en juego cuando se ejecuta una acción. La independencia de cada segmento corporal con respecto a los otros contribuye a afinar la psicomotricidad en su conjunto. Así, un niño puede dibujar con una mano sin implicar a otras partes del cuerpo como una pierna o la cabeza.

El equilibrio corporal

El equilibrio corporal es el estado que permite al sujeto permanecer inmóvil y sin caerse estando tanto erguido como sentado. Propicia que los humanos podamos caminar con dos piernas conservando la estabilidad y nos permite tener capacidades como el baile, montar en bicicleta o saltar a la pata coja.

Somatognosia

La somatognosia es el conocimiento que cada individuo tiene sobre su propio cuerpo y de la relación de sus partes. La perturbación de esta representación está relacionada con la dispraxia y con los trastornos del espectro autista (TEA), lo que  supone déficits en la estructuración espacio-temporal, dificultades motoras relacionadas con la mala coordinación y déficits en habilidades sociales.

La ausencia de somatognosia se conoce como asomatognosia y es la incapacidad para reconocer, diferenciar e integrar las diferentes partes del esquema corporal. Está relacionada con lesiones en los lóbulos parietales.

El esquema corporal y postural

El esquema corporal corresponde a la organización de la psicomotricidad global de nuestro cuerpo. Es el conocimiento que tenemos del mismo y del estado de sus partes, ya sea en movimiento como de forma estática y en relación con el entorno que nos rodea.

Para la educación del esquema corporal es necesario el conocimiento del propio cuerpo, el desarrollo de las capacidades perceptivo-mototas y el adecuado desarrollo de la lateralidad.

La imagen corporal

La imagen corporal es la representación que la persona tiene sobre su propio cuerpo. Es cómo la persona se percibe a sí misma y cómo cree que es. Tiene que ver con los sentimientos y emociones que experimenta con respecto a su físico y está directamente relacionada con la propia autoestima.

La estructuración espacio-temporal

En psicomotricidad, el espacio es el lugar en el que el ser humano se sostiene, se mueve, actúa e interactúa. Del mismo modo, el tiempo es lo que, en cuanto duración, modula el desarrollo de una acción o un acontecimiento. Desde que nacemos, las personas nos desarrollamos de forma constructiva, «edificando» sobre los cimientos de lo que hemos aprendido anteriormente.

Durante el desarrollo infantil, el niño tiene que explorar su entorno para reconocerlo y organizar el espacio en el que se mueve. Tomando como referencia su propio cuerpo, aprende las primeras relaciones espaciales (cerca-lejos, dentro-fuera, encima-debajo, etc). De esta forma, con el movimiento mediante el juego, adquiere los fundamentos para poder conceptuar adecuadamente su aprendizaje posterior.

La estructuración temporal también es importante en el desarrollo del aprendizaje. El niño aprende a juzgar periodos, duración, tiempo y a ser consciente de los conceptos cronológicos (día, hora, minutos, meses). El ritmo es la capacidad que tenemos para estructurar el tiempo, percibiéndolo y siendo capaces de reproducirlo.

La estructuración espacio-temporal es un aspecto fundamental para el correcto desarrollo y la buena organización del pensamiento. La falta de estimulación de la psicomotricidad del niño contribuye a una mala conceptualización y con ello al desarrollo de déficits relacionados con la organización y la orientación (trastornos de lateralidad y dispraxias).


Dispraxia

Dispraxia

La dispraxia de desarrollo (o simplemente dispraxia) es una alteración en el aprendizaje de movimientos elaborados, sin que exista un déficit motor o sensorial que lo explique (Polatajko y Cantin, 2005; Vaivre-Douret, 2007). Es un trastorno en el desarrollo de la coordinación que interfiere en las actividades de la vida diaria (avd’s), principalmente en las escolares.

La dispraxia es una disfunción cerebral que afecta a la organización de las sensaciones táctiles, vestibulares y propioceptivas e interfiere con la habilidad de planificar los movimientos. No es un problema motor, sino un problema en el procesamiento de las sensaciones corporales (ver somatognosia). Popularmente se le conoce como “el síndrome del niño torpe”.

Síntomas de la dispraxia

La dispraxia puede afectar al desarrollo de la motricidad fina y al de la motricidad gruesa, lo que implica problemas tanto a la hora de poder andar, correr y saltar correctamente como de poder desarrollar una escritura legible, resultando a veces casi imposible incluso el mero hecho de poder sujetar un lápiz con la mano. Los niños afectados por dispraxia suelen presentar un débil tono muscular y parecer torpes en sus movimientos. Igualmente, el desarrollo de su dominancia lateral puede ser tardío, no presentando una clara preferencia manual ó podal en la que sería su edad deseable (a los 5 años).

Los niños con dispraxia suelen presentar déficits en habilidades sociales, sintiéndose abrumados ante grupos de personas y comportándose de forma inmadura. Les cuesta relacionarse y crear amistades, situaciones que además les producen cierto malestar y angustia. Los problemas que a veces presentan para expresarse oralmente y las dificultades para practicar deporte pueden afectar también a su autoestima, dificultando todavía más su sociabilidad.

Todos estos síntomas pueden manifestarse en el niño (o en el adulto) a pesar de tener una inteligencia normal e incluso en algunos casos, superior a la media. Distinguimos entre las principales clases de dispraxia y sus síntomas particulares:

Dispraxia ideomotora

La persona presenta dificultades para ejecutar movimientos que puede imaginar. Afecta a la secuencia de movimientos necesarios para realizar una acción instrumental como puede ser peinarse ó vestirse. Es muy incapacitante para poder realizar las actividades de la vida diaria (avd’s), poniendo a veces en evidencia la propia dependencia personal.

Dispraxia ideatoria

En comparación con la dispraxia ideomotora, en la ideatoria, además, la persona tiene dificultades para planificar mentalmente la secuencia de movimientos necesarios para realizar una acción instrumental compleja.

Dispraxia constructiva

El niño presenta problemas de relación espacial y temporal, tendrá dificultades para «construir» figuras geométricas (piezas de lego), copiar imágenes y jugar con puzzles. Esto repercute en su capacidad de organización y resulta muy perjudicial para sus aprendizajes posteriores.

Dispraxia del habla

Es la dificultad para coordinar los músculos necesarios para pronunciar palabras. Los niños afectados por dispraxia del habla no articulan bien al hablar y su pronunciación no es facilmente entendible.

La dispraxia presenta comorbilidad con otros trastornos del desarrollo como el TDAH, los trastornos del espectro autista (TEA) y con dificultades del aprendizaje escolar como la dislexia, la discalculia y la disfrafía.

En Nemares Cognitive consideramos la importancia de la terapia psicomotriz como intervención central para mermar el efecto de los déficits que produce la dispraxia. Desde este punto de vista trabajamos con la estructuración espacio-temporal y la coordinación en el niño, mejorando su motricidad fina y gruesa. Así, se mejoran sus habilidades perceptivo-motoras y se contibuye a la tonificación y a la conexión del paciente con su propio cuerpo.

Abordamos los déficits en actividades de la vida diaria (avd’s) mediante rehabilitación neuropsicológica, estimulando y ayundando al paciente a desarrollar su capacidad de movimiento y potenciando su independencia personal.

El entrenamiento en habilidades sociales para niños es una especialidad eminentemente psicológica; resulta imprescindible y muy útil para el adecuado tratamiento de la dispraxia y los problemas de autoestima en el paciente.


Terapia psicomotriz

La terapia psicomotriz es un tratamiento que aborda al cuerpo a traves del movimiento. Dado el concepto global que en psicomotricidad se tiene sobre la persona, la terapia psicomotriz actúa integrando diversos aspectos funcionales. Como herramienta terapéutica, trabaja la dimensión sensorio-motriz, la percepción, los aspectos cognitivos, las relaciones sociales y las emociones.

Su objetivo es modificar un comportamiento o una conducta que resultan nocivos, teniendo en cuenta la actividad psíquica y relacional del paciente. Se trata de acciones voluntarias encaminadas a mitigar el factor desencadenate del trastorno, haciendo la misma persona actuar su cuerpo conscientemente y reeducándolo. La pretensión es ayudar al paciente a adaptarse a su vida cotidiana.

Entre sus beneficios cabe señalar:

  • Unos efectos motores y funcionales más ajustados y adaptados.
  • En los aspectos cognitivos se evidencian mejoras en la capacidad atencional, el razonamiento lógico, la capacidad de adaptación y la conciencia de acción.
  • Socialmente mejora la capacidad de expresión del individuo y su comunicación. Contribuye a aumentar la autoconfianza y a disminuir los complejos de inferioridad y de culpa. La persona se «ajusta» más a la realidad de los problemas, disminuyendo su dramatismo y la conflictividad.

La aplicación de la terapia psicomotriz también puede llevarse a cabo combinada con otras técnicas como la rehabilitación neuropsicológica y la TCC (terapia cognitivo-conductual). Su eficacia es muy alta, aportándole un gran beneficio al paciente al aumentar su funcionalidad y su calidad de vida.


Psicomotricidad y tratamientos con terapia psicomotriz

Los ámbitos de actuación y tratamiento son diversos, resaltando su importancia en los primeros años de vida mediante técnicas de estimulación psicomotriz en bebés. La terapia psicomotriz tiene una destacada presencia en centros de atención temprana, donde es utilizada habitualmente para corregir déficits funcionales en niños de hasta seis años:

Terapia psicomotriz en TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad)

Los niños afectados por TDAH suelen presentar síntomas evidentes de inmadurez motora. La terapia psicomotriz contibuye a la corrección de dichos déficits, restaurando la normalidad en el paciente y trabajando los siguentes aspectos:

Estructuración espacio-temporal.

– Control e inhibición de impulsos.

– Autocontrol y conocimiento del propio cuerpo (somatognosia).

Coordinación y disociación motriz.

– Habilidades motoras finas y gruesas.

– Mejoras en el tono muscular y en el ritmo.

Terapia psicomotriz en TEA (trastornos del espectro autista)

Los pacientes afectados por TEA suelen manifestar problemas de relación con su propio cuerpo y sus sensaciones, así como de torpeza motora y de coordinación. La terapia psicomotriz minimiza estos déficits relacionales mejorando la somatognosia de la persona y sus habilidades motoras. Mejora su tono muscular, su ritmo y la dimensión espacio-temporal. Supone un abordaje muy eficaz en la aparición de dispraxias y los problemas relacionados con la lateralidad, contribuyendo a fomentar las habilidades sociales del niño.

Psicomotricidad en los trastornos de lateralidad

Los trastornos de lateralidad son un tipo de alteración neurosensopsicomotriz que se manifiesta en el paciente a través de déficits en habilidades motoras, cognitivas y en problemas psicológicos. Independientemente de la edad, la terapia psicomotriz contribuye a la corrección gradual y efectiva de dichos síntomas.

Psicomotricidad y áreas de actuación terapéutica

La terapia psicomotriz tiene una presencia destacada en distintos ámbitos de tratamiento para adultos. Su eficacia está probada en el tratamiento de trastormos como la ansiedad o la depresión. Resulta una herramienta terapéutica de gran valor en compañía de la estimulación cognitiva en casos de demencias y enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer o el Parkinson.

También en las patologías de daño cerebral, tanto sobrevenido como congénito, así como los accidentes cerebro-vasculares (íctus) y traumatismos craneoencefálicos. Forma un excelente tándem terapéutico junto a la rehabilitación neuropsicológica para reestablecer las actividades de la vida diaria (avd’s).


Psicomotricidad y estimulación en bebés

El bebé debe superar algunas etapas del desarrollo antes de la bipedestación. Con el movimiento mediante el juego y la estimulación sensorial, el niño va inhibiendo progresivamente sus reflejos primitivos. Progresivamente va aprendiendo a relacionarse con su entorno físico y social, conociéndolo y aquiriendo las habilidades psicomotrices básicas para su funcionalidad posterior.

De esta forma se establecen las nuevas conexiones en su sistema nervioso y se contribuye al correcto neurodesarrollo.

Para cualquier duda ó consulta, no dude en contactar con Nemares Cognitive.